Escenarios de la realidad
Dra. Elizabeth Georgina Vargas García
¿Aún recuerda la ilusión e incluso desesperación por obtener un trabajo? No importaba nada, si me ponían x, y o z condiciones, me esforzaba por llegar temprano, por ser cumplido y responsable, pasaba por alto los altibajos del o la jefa y seguía alegremente disfrutando mi jornada, Después de todo, hay pocas cosas que requieren tanto esfuerzo por lograr. Si nos damos cuenta, cada día tiene 24 horas, de las cuales, las personas promedio duermen ocho cada noche y trabajan otras ocho, o sea que la mitad del tiempo que estamos despiertos, estamos en el área laboral.
Hace aproximadamente 11 años, cuando su servidora trabajaba en áreas marginadas, se me ocurrió realizar un trabajo de investigación en el que me di a la tarea de realizar dos series de encuestas (una de tipo abierto y una de tipo cerrado) a cada uno de los cerca de 450 trabajadores de 12 municipios. En ambas se hacían una serie de preguntas que, como todas las pruebas psicológicas, llevaban como objetivo determinar varios factores, entre ellos la antigüedad, el tipo de contrato, si era de base o temporal, sindicalizado o no, estado civil, escolaridad, aficiones y gustos como programas de televisión, aficiones a deportes, música, etcétera; para determinar el perfil promedio de personalidad. Y la otra eran preguntas abiertas encaminadas a descubrir sentimientos profundos respecto a los padres, a sí mismos y a los jefes, a las políticas de salud y otras que nos ayudaron a medir ocho variantes, que a su vez nos llevaron a concluir que todos los trabajadores se sentían sumamente desmotivados e insatisfechos y por lo tanto se veía disminuida su productividad, lo cual resultó un conflicto, pues un día antes de presentar el resultado final al jefe, se me ocurrió entrevistar verbalmente y al azar, a compañeros que se encontraban en mandos medios, bajos y personal de mantenimiento, choferes, secretarias, etcétera. Y confirmaron las conclusiones: estaban altamente desmotivados y no era que desearan recibir estímulos económicos (aunque eso no les molestaría), era algo más sutil, deseaban reconocimiento a su trabajo, un simple "gracias, no sabes cómo me sirven tus comentarios", o "bien, muy bien, aprecio el tiempo que trabajas extra, valoro tu empeño, tu dedicación". Eso es extraño de parte de un jefe. Pero cuando un trabajador incurre en alguna falta o tiene algún problema de índole personal, arremeten contra él como si fuera un delincuente, y obviamente la primera amenaza es que si las cosas no cambian, lo van a despedir.
Lo curioso del asunto es que al momento de presentar los resultados del trabajo, el jefe se incomodó tanto, aun explicándole que dentro de las variantes evaluadas la mayoría no tenían que ver con él ni con su estilo de liderazgo. Y con profunda consternación presencié el tormentoso interrogatorio a los compañeros quienes, por supuesto, negaron todo, no tuvieron valor de defender su postura ni de respaldar lo que el día anterior habían asegurado, e invalidaron las respuestas de todo el trabajo de varios meses, asegurando que se había sesgado la información. Con esto, el jefe quedó satisfecho, los compañeros se sintieron liberados de una carga más pesada que su frustración (la posibilidad de perder su trabajo), y yo más frustrada por reconocer que a pesar de las evidencias tan palpables, los seres humanos que dependemos de un trabajo para sobrevivir, preferimos renunciar a la dignidad que defender nuestros derechos.
Con lo anterior no estoy incitando a la clase trabajadora a que se una y corra a sus jefes, sino a conciliar intereses y ser congruentes y consistentes. El verdadero problema con un jefe (a) intransigente que sólo vela por sus intereses y recurre a la ruin amenaza de despedir al trabajador por tener un problema personal, sólo nos habla de que tuvimos la desgracia de caer en manos de un individuo inmaduro, sin capacidad resolutiva, que vive para aparentar y no para producir, a quien no le importa humillar a un subordinado evidenciándolo ante los demás con prepotencia, y que, además de ser nuestro jefe (a), tiene una autoestima por los suelos, pues no es capaz de argumentar inteligentemente ni conforme a la ley ni conforme a derecho.
Una de las cosas que más nos pone en riesgo ante estos seres que tienen licencia para humillar y amenazar, es tener un romance con un compañero de trabajo, especialmente si éste es igualmente un inmaduro, inseguro, machista y muchas veces violentador, que requiere, al igual que el jefe, de gritos y amenazas para hacer valer su criterio, pues no lo sabe hacer de forma racional. ¿Alguna vez la o lo han cambiado de área por un problema amoroso con un compañero de trabajo sin su anuencia? O peor aún, la han amenazado con despedirla a usted y a él porque el nivel de competencia del jefe (a) no da para dar una solución justa o inteligente? ¿Es que usted no conoce sus condiciones generales de trabajo, sus derechos? ¿O acaso ha sido objeto de acoso sexual por parte de su jefe y le condiciona derechos a cambio de favores sexuales, o le castiga con horas extras o retirándole sus estímulos si no lo (a) obedece, por ejemplo, en beber alcohol en una fiesta del trabajo a pesar de que usted no lo acostumbra o simplemente no lo desea? ¿Le ha insultado su jefe, lo ha humillado, le ha quitado sus derechos en forma arbitraria? ¿Lo han amenazado con correrla porque su bebé se enferma con frecuencia o porque no cumple con los caprichos irracionales del jefe o porque no le da la razón en todo? Cuidado, ¡usted es víctima de violencia laboral! Lo cual también es un delito y como todo delito, es susceptible de denuncia. Si analizamos que la mitad de nuestro tiempo alerta lo pasamos bajo esta tensión, es mejor que valoremos qué tanto vale la pena permitirlo, soportando las injustas manifestaciones del coeficiente limítrofe del que tenemos por "jefe" (a) (por limítrofe nos referimos a la persona que se encuentra entre el retraso mental y la inteligencia mínima normal. Y en este caso nos referimos a lo que se conoce como inteligencia emocional, que desgraciadamente nos hace falta a tanta gente que por influyentismo o por circunstancias fortuitas llega a ocupar un cargo de mando). O bien, ejercer nuestros derechos y no dejarnos intimidar por quien, como todo jefe (a menos que sea el dueño de la empresa), va de paso, no hay cargos de mandos superiores o medios que sean permanentes. Incluso el presidente de la República es temporal y vulnerable a un golpe de estado Ya se demostró que ni aun el mismo Hugo Chávez pudo perpetuarse en el poder. Por favor, terminar con esta situación no es que usted sea despedido, sino que se haga justicia. Si hablamos de que las leyes se hicieron para ser violadas estamos hablando de nuestra extrema carencia de valores, principios y de ética. Lea aunque sea por curiosidad la Ley Federal del Trabajo y sus propias condiciones generales, es tiempo de que se haga valer su palabra y que levante la voz, no se deje amenazar ni pisotear. Usted, a pesar de ser subordinado, muchas veces vale mucho más que su jefe (a). NOTA: El presente artículo fue inspirado en hechos y vivencias reales no personales y que seguramente muchos de ustedes han vivido. Valdría la pena por lo menos meditar al respecto.
Seguimos en contacto.
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2 comentarios:
De acuerdo, pero el aspecto religioso tan reiterado me crea dudas. Salvo éso, lo demás muy interesante.
Es preciso hacer algo con los problemas que surgen en los centros laborales. Pero algo en hechos, no de simple palabra como regularmente sucede.
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